¡Ganamos el debate!
Decir quien ganó o
quién perdió el debate, corresponde a cada una de las personas que lo vieron o
escucharon; mejor hablo de cómo percibimos a los candidatos y candidata a
presidente de la República.
Jaime Rodríguez
Calderón; con soltura y naturalidad
El candidato
independiente conocido como “El Bronco” lució naturalito, con soltura y sin
asomo de nervios.
Desmenuzó algunas de
sus propuestas, aunque hizo énfasis en que éstas serán con base en un estudio
realizado por personal ex profeso sobre las demandas ciudadanas.
Cuestionó sobre todo al
candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” (Morena-PT-PES), Andrés
Manuel López Obrador, en lo relativo a tres aspectos: La amnistía y la
honestidad.
Con la pregunta
“¿alguien te ha matado un hijo?”, clavó un aguijón en el corazón de sus
contrincantes al referirse a la muerte del suyo a manos del crimen organizado
en su natal Nuevo León. Y así justificó su oposición a la propuesta de amnistía
de AMLO; Jaime Rodríguez, por el contrario, plantea la cárcel.
Atacó también a los
candidatos de las otras dos alianzas, pero en menor medida. Eso sí, no perdió
oportunidad de decir que todo lo malo viene de los partidos políticos.
José Antonio Meade; sin
nervios, pero le faltó contundencia
El candidato de la coalición “Todos por
México” (PRI-PVEM-Panal), José Antonio Meade Kuribreña, no estuvo mal.
Su falta de experiencia
y de praxis en política partidaria era como para haber sido el desastre en el
debate. Pero no. Todo el tiempo se vio ecuánime, sin nervios, estructuró bien
la mayoría de sus intervenciones, pero le faltó contundencia, sobre todo al
cerrar el debate.
Para ser la primera
vez, no estuvo mal. Contestó las preguntas hasta donde pudo y cuando lo
cuestionaron reconoció errores, en ocasiones implícitamente en sus respuestas
con frases como “ha hecho falta”.
¿Qué le cuestionaron?
Errores del PRI y de los gobiernos emanados de este partido, principalmente del
actual Presidente de la República, Enrique Peña Nieto. Pero irregularidades cometidas
por él, casi nada.
Al final del debate, el
panista Ricardo Anaya le sacó una fotografía donde aparece sentado con uno de
los ex gobernadores priistas perseguidos hoy por la justicia. Meade se defendió
argumentando que si el ex mandatario purga prisión obedece en parte al trabajo
realizado por la Secretaría de Hacienda que detectó las actividades ilícitas.
Una de las moderadoras
le cuestionó la adhesión de Armando Ríos Piter al estar señalado de situaciones
irregulares en las firmas que presentó al INE en busca de la candidatura
independiente. “¿Eso es honesto?”, preguntó la comunicadora. Y Meade defendió
al ex aspirante presidencial, de quien dijo conocer como una persona honesta.
Palabras más, palabras menos.
Durante el debate,
Meade se dedicó a esbozar sus propuestas de campaña, a recalcar que por primera
vez el PRI postula un candidato externo, arropado también por el PVEM y el
Panal; y se auto-elogió calificándose como “honesto”, con “preparación” y con
“experiencia” en el servicio público.
Claro, si no elogia él,
nadie lo hubiera elogiado durante la confrontación, porque todos iban para
ganar, no para perder.
Y también se dedicó a
cuestionar la honestidad de Andrés Manuel López Obrador en los siguientes
aspectos: La no aparición en su 3de3 de tres departamentos que sí están (o
estaban) en el Registro Público de la Propiedad a nombre del morenista; la
participación de sus hijos y algunos hermanos en el trabajo de Morena, y su
forma de vivir.
Con Anaya, Meade fue
digamos blandito. El mayor cuestionamiento fue haber sido acusado de la
adquisición de bienes inmuebles de manera irregular. Aunque el panista se
defendió con algunos papeles en mano.
Ricardo Anaya Cortés;
firme y combativo
El candidato de la
coalición “Por México al Frente” (PAN-PRD-MC), Ricardo Anaya Cortés, sacó a
flote su don en el arte de hablar en público, en debatir; se vio firme y
combativo, sobre todo respecto de Andrés Manuel López Obrador, a quien cuestionó
en honestidad y congruencia.
Le insistió sobre la
pregunta del nombramiento de un Fiscal General absolutamente autónomo, pues en
su programa de Nación AMLO plantea que el Fiscal sea nombrado por el Congreso,
pero a propuesta de terna del Presidente de la República (tal y como se venía
haciendo en el desgastado modelo recientemente cambiado constitucionalmente).
Cuestionó los índices
de inseguridad registrados en la Ciudad de México (antes Distrito Federal)
cuando AMLO fue Jefe de Gobierno; la incongruencia de lanzar como candidato al
Senado por Morena a uno de los personajes que firmaron el Fobaproa, criticados
por el mismo tabasqueño en su libro escrito ex profeso.
También le reprochó
combatir el fraude electoral y tener en las filas morenistas al ex priista
Manuel Bartlett acusado de pertenecer al círculo de poder que provocó la caída
del sistema cuando las elecciones presidenciales donde resultó electo Carlos
Salinas de Gortari.
“Tu vida es una farsa”,
le dijo Anaya al tabasqueño.
Claro, el panista no le
quitó el dedo de encima a López Obrador. En el debate su estrategia fue pegarle
al puntero de las encuestas para conseguir bajarlo del ánimo del electoral y
subir él al primer lugar.
Andrés Manuel; enojado
y sin contestar
El candidato de la coalición
“Juntos Haremos Historia” (Morena-PT-PES), Andrés Manuel López Obrador,
seguramente hizo un esfuerzo sobre-humano para no caer en la provocación ante
tanto cuestionamiento. Lógico: Todos tenían como objetivo pegarle al puntero.
Y todos le dieron en
torno de su propuesta de amnistía. AMLO evadió contestar, pero casi al final
contestó. Aseguró que amnistía no es impunidad, y cuando gane las elecciones
presidenciales contratará expertos para formular la propuesta correcta; eso sí,
se dijo estar convencido de hacer “todo” para conseguir la paz.
Explosivo como es,
López Obrador aguantó la lluvia de ataques. Sin embargo, en el rostro se le
notó enojo. Aunque en algún momento con cierto dejo de ironía recriminó: “Me
están echando montón”; una frase con la cual seguramente llegó al corazón de
sus seguidores.
No así de las personas
que querían escuchar a AMLO refutando con argumentos sólidos los
cuestionamientos sobre el trabajo de sus familiares en Morena, de que ha vivido
en los últimos años, del por qué consintió la postulación de líderes sindicales
de dudosa honestidad, etc.
Y sí, López Obrador
tiene razón cuando dice que sin empleo no puede haber crecimiento económico.
Pero también “El Bronco” cuando pone como ejemplo Nuevo León, donde hay
crecimiento porque no existen los programas asistencialistas que pululan en el
plan del tabasqueño.
En cuanto al Fiscal
General, aceptó plantear que éste sea nombrado por el Congreso, pero propuesto
por él como Presidente de la República de una terna de personas “honorables. ¿Y
no es regresar al procedimiento que tanto trabajo costó echar abajo para
transitar a una fiscalía independiente y autónoma?
En fin, algo le faltó a
AMLO en el debate como para salir victorioso sin dejar lugar a dudas.
Margarita Zavala; nerviosa
La candidata
independiente a la Presidencia de la República desperdició una gran oportunidad
para lucir su don en la tribuna. Se vio nerviosa y tensa.
Además invirtió mucho
tiempo en cuestionar a Ricardo Anaya. ¿Quiere atraer solo voto panista?
Su Talón de Aquiles: Su
esposo Felipe Calderón, ex Presidente de México. Incluso, dos de los
moderadores le hicieron preguntas propicias para deslindarse de él. Y así lo
hizo casi hasta el final del debate, pero sin contundencia.
Se vio como si hubiera
memorizado frases por eso patinaba cuando hablaba. Francamente, esperábamos más
de Margarita.
Lo que sí hizo bien fue
dirigirse al público para darle a conocer su oferta de campaña. Sin embargo,
hacerlo de modo tan memorizado le restó mérito.
El debate lució menos
acartonado. Mejoró. Pero dejó mucho a la subjetividad de los moderadores.
Para ser el primero con
cambio de formato, no estuvo mal. El Instituto Nacional Electoral (INE) hizo su
chamba.
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