Crónica:
La última y nos vamos
Todo comenzó una tarde de sábado, Carlos, Víctor, Gustavo y
yo nos preparábamos para ir a dar un concierto al cual nos invitaron algunos
vecinos, las guitarras estaban en sus fundas, las bocinas y partes de la
batería en la cajuela, mochilas con cables y el bajo en los asientos traseros
del automóvil.
Llevábamos tiempo en no salir a dar conciertos ya que no teníamos
un baterista y teníamos que suplirlo con un ipad lo cual no nos agrada para
nada, pero es lo que tenemos.
Todo esto generaba una gran cantidad de emociones en cada
uno de nosotros. La euforia, nerviosismo, felicidad, intriga y la incertidumbre
nos inundaba. No íbamos en el mejor momento para dar una presentación,
discusiones e inconformidades en aspectos como el setlist o los puestos que
desempañaba cada uno en el grupo causaba roces entre nosotros.
Nos subimos al carro y partimos de casa de Víctor hacía el
lugar del concierto, ninguno de nosotros sabíamos dónde era, teníamos una idea
muy vaga por las referencias que nos dieron los vecinos, pero aún con eso no
encontrábamos el lugar hasta que nos comunicamos por teléfono con ellos y nos
guiaron al lugar, el cual era una casa con un pequeño terreno demasiado
descuidado.
Empezamos a bajar los instrumentos y bocinas del auto cuando
ellos nos dijeron que por favor nosotros abriéramos el concierto porqué los que
lo iban a hacer no asistirían ya que tenían un compromiso en otro lugar.
Carlos, Víctor y Gustavo no tenían mucha experiencia en
conciertos, yo llevaba más de 3 años dando conciertos de todo tipo, recitales,
ensambles, serenatas, etc. Entonces ellos lo tomaron de buena manera y por
mayoría decidimos aceptar su indicación, desde ese momento no sentí un buen
presentimiento de lo que nos esperaba.
Comenzamos a hacer el soundcheck y solo teníamos de público
alrededor de 10 personas. En mi mente pensaba “si al empezar solo teníamos 10
personas que nos esperaba al final” me sentía decepcionado y muy pesimista ante
la situación, pero como se dice “el show debe continuar”.
Carlos se puso delante de su amplificador arreglando los
últimos detalles de su ecualización, Gustavo arreglando los atriles y las
guitarras que utilizaría, Víctor con la Tablet en una mano y el micrófono en la
otra y por último yo con el bajo colgando de mi hombro izquierdo y el teclado
enfrente.
La primera canción que tocamos no causo ningún impacto en el
público, sus caras nos reflejaban la situación en la que nos encontrábamos, el
pesimismo se apoderaba de mí con cada segundo que pasaba. Decidimos tocar una
de nuestras mejores canciones originales, muchos amigos nos comentaban que era
una canción genial y que era muy agradable al oído, pero eso no evito el
rechazo de la audiencia.
Los problemas técnicos no se hicieron esperar, los micrófonos
fallaron, la ecualización era pésima, el humor de Víctor y Gustavo no ayudaban
en lo absoluto. El concierto siguió y pensé que sería un rotundo fracaso, hasta
que comenzaron a llegar más personas y animaron el ambiente. El organizador nos
avisaría cuando el tiempo se fuera acabar para poder tocar nuestra última
canción la cual era muy especial.
La gente estaba más animaba y reaccionaba más a lo que
nosotros hacíamos en el escenario, la emoción en ellos era tan positiva que nos
contagiaba. Decidimos deshacernos del ipad y Víctor se subió a la batería,
Gustavo tomo el micrófono de coros y un chavo del público tomo el micrófono principal
para apoyarnos con un cover. El público brincaba y a todo pulmón cantaban los
coros. No recordaba una sensación así en mucho tiempo, mientras veía a la
siguiente banda llegando al lugar.
El organizador nos dijo que era la última canción y fuimos
con todas nuestras energías con la que consideramos nuestra obra maestra. La
gente aplaudía al compás de la batería, tarareaba el riff principal y respondía
a cada gesto que hacíamos. Terminando la canción el público nos aplaudió llenándonos
de felicidad a cada uno de nosotros. Al bajar del escenario la siguiente banda
que venía desde Monterrey nos dijo que era una de las mejores canciones que han
escuchado en un largo tiempo.
La satisfacción que nos dejó una presentación que dábamos
por perdida es algo que jamás olvidare y que unas personas que no conocíamos
nos hayan elogiado nuestro trabajo me impulsa a seguir con mis amigos a dar lo
mejor de nosotros en cada presentación y dar a conocer al mundo nuestra música.
- Ricardo Valdez
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