Crónica.
La llamada.
Era
28 de agosto, el día pintaba para ser excelente, el sol resplandecía en lo más
alto del cielo y el viento soplaba sigilosamente, tan lento que solo se podía
percibir en los pequeños cabellos de las mujeres que se levantaban de manera
inexplicable cuando caminaban frente a mí.
Sabía
que era el día, mi corazón se aceleraba por lapsos y mis sudorosas manos
reflejaban mi emoción contenida en mi interior.
Tuve
que esperar a que terminaran mis actividades escolares para salir de la
preparatoria, dirigirme a casa y tomar una ducha rápida; mis hermanos ya
estaban listos cuando llegué, así que hice mis deberes lo más rápido que pude.
Dieron
las 4 de la tarde y salimos con destino a la Ciudad de México, los tres
creíamos que no llegaríamos a tiempo, pero el destino estuvo a nuestro favor; todo
el camino escuche mi música favorita, y la gente alrededor volteaba a verme con
un aire de curiosidad cuando mi boca se curveaba para emitir una leve sonrisa
de complicidad con la alegría que emanaban mis pensamientos.
Llegamos
5 minutos antes de que comenzara la función, había poca audiencia considerando
que el teatro tiene unas dimensiones reducidas a comparación de otros ubicados
en la misma ciudad.
Nos
detuvimos un segundo en la entrada y observamos la escenografía, definitivamente
la cruz enorme nos tomó por sorpresa e hicimos comentarios sobre el contenido
que estábamos a punto de ver dentro del espectáculo.
Cuando
nos dispusimos a tomar nuestros asientos pude vislumbrar una figura alta y
delgada que caminaba en la misma dirección en la que nos encontrábamos nosotros,
mi corazón se detuvo momentáneamente; era el hombre al que más admiro en este
mundo, alguien que a pesar de la presión de la sociedad y de las dificultades
que aparecieron en su vida pudo salir adelante, su nombre es Javier Calvo.
De
pronto una voz resonó por lo alto y pidió que todos apagaran sus celulares para
dar inicio al espectáculo. La tarde se resumió en un torbellino de emociones
para aquellos que apreciamos una obra que fusionaba elementos como la religión,
la madurez emocional, las preferencias sexuales y gusto por el electro latino.
Cuando
las luces se encendieron tras terminar el último número musical, nos levantamos
aún sorprendidos por lo que acabábamos de presenciar y vi pasar de nuevo a
Javier, ahora en un tono más relajado y penosamente me acerque para pedirle una
foto; cuando me abrazó sentí que una felicidad plena invadía todo mi ser.
Ese
fue uno de los días más emocionantes de mi vida, el día en el que pude ver y
abrazar a mi artista favorito gracias a ver “La llamada, el musical”.
-Manuel Galle.
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