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Explosión en el metro


Sábado 17 de marzo, 2:00 pm en la ciudad de México, el calor en el ambiente era una clara evidencia de la hora del día o el habitual estado del metro, el apresurado movimiento de mis pies al bajar los escalones contribuía al bullicio natural de la ciudad y recordé que no llevaba prisa, sin embargo el ritmo en el movimiento de todos los demás era contagioso, sin darnos cuenta mi hermana y yo nos movíamos igual de rápido.
El metro se acerca y nos preparamos para abordar en los primeros vagones, está casi vacío, por lo que podemos disfrutar de un asiento, más al fondo se encuentra un inquieto niño que interrumpe constantemente la plática de su madre con otra mujer, ella para distraerlo y evitar prestarle atención, saca de su bolso un dulce que consiste en un barril plástico lleno de chamoy líquido, el insignificante acto me induce a desviar mi atención a las ventanas y observar el recorrido.
Una expresión de asombro brota de los labios de mi hermana, giro la mirada e inmediatamente puedo observar la exorbitante cantidad de gotas rojas de chamoy por los alrededores y a las dos desafortunadas mujeres sentadas frente al culpable, en la ventanas, en el suelo, en el techo, en el suéter blanco de la chica, en el bolso de la mujer a su lado, en su cabello, en el llavero que cuelga de sus manos, en su cara, en las gafas oscuras de la otra mujer, en las bolsas de mandado que descansan a sus pies. Al parecer el dulce de chamoy fue apretado descuidadamente en las manos del pequeño y exploto por la presión ejercida.
La pegajosa consistencia se impregnó rápidamente, el vagón de mujeres aumentaba la probabilidad de que alguien guardara papel para emergencias como esta, pero nadie hizo un solo movimiento, un mínimo gesto en forma de risa nerviosa, fue expresado por el causante de la situación y la exasperación en la mirada de su madre hacia evidente su enojo y vergüenza.
Se escuchó un típico regaño, "pinche Emiliano, te pasas escuincle", los gestos de molestia y una grosería murmurada discretamente por la chica de suéter blanco, ahora moteado de chamoy, fueron detonantes para un pequeño "Perdón" comentado por la madre, ninguna respuesta fue emitida, solo se limitaban a limpiar las pequeñas gotas de su ropa y los demás a observar la situación. Imagine a donde se dirigían, la chica, estaba maquillándose antes del incidente, probablemente tenía una cita, la segunda mujer, se veía cansada, utilizaba uniforme de enfermera y ocultaba su mirada bajo gafas oscuras, era evidente que regresaba del trabajo
Las puertas del vagón se abren una vez más y los pocos asientos vacíos se llenan rápidamente, pronto las personas que no tiene lugar se posicionan en un espacio cómodo y seguro para evitar caer, en un par de segundos Emiliano y su mamá salen del vagón sin decir una palabra más y el metro continúa hasta la siguiente estación.

Por: Marián Hernández Latorre

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